Del Bosque - II
I Ching: la pregunta sobre el tiempo, el representar al tiempo mismo y sus líneas, como en una autoconciencia de la temporalidad de la imagen sobre sí misma. La reflexión sobre los cambios. ¿Cómo?
Con la aparición previa de la fuente y el cántaro hay una detención del movimiento; la quietud del plano general, el primer silencio. La mitad del metraje, su punto central tanto espacial -del bosque- como temporal: el anticlímax.
Tirar las monedas: inquirir al tiempo sobre sí mismo. Este constituye la estructura interna, invisible que subyace siempre a la imagen. El personaje que caminaba en una búsqueda decidida, determinada, arriba al centro, y entonces ve la apertura del camino.
-Desviarse del camino. No debe atravesar las grandes aguas.
Esta tirada fue intencionalmente espontánea; el oráculo mismo determinó el devenir del guion, del hilo narrativo-simbólico, en esta parte central. Asimismo, la anotación de las líneas fue invertida con respecto a la norma, sin embargo dándose el raro caso de que el oráculo resultante fuera el mismo -como en un palíndromo, capicúa o contrapunto invertible.
La verdad se ve reflejada en las aguas. La vibración del cuenco anuncia las últimas palabras dichas en el corto, que concluyen el período de calma comenzado en el cántaro.
Clímax
Al terminarse la palabra, predominan la imagen y el sonido, irrumpen la música y las aguas, empezando estas a mostrarse en las pequeñas cascadas y creciendo hacia las grandes aguas. La manipulación del tiempo desde el I Ching, a través del clímax. Diferentes movimientos, ondulantes, en la caminata entre los árboles. La música se torna totalmente electrónica. Quiebre temporal. Complementación entre las dos direcciones del agua y la cámara.
(Al director de cámara) -¿Por qué se filmó el agua de esa manera?
-Como una prueba, un desafío al equilibrio compositivo tradicional en la imagen.

