Del bosque - I
“Yéndonos a la naturaleza, tornamos la espalda a la promesa incumplida de la civilización”
En plano contrapicado, la monumentalidad de los árboles. Se desciende hacia la tierra, sede de su raíz, y muestrase el camino.
“El alma se eleva refinada por la lucha y el sufrimiento.”
La influencia de la luz sobre su paso.
El primer pilar, centro, llegada, pausa.
El plano general entrega libertad al espectador, muestra la realidad entera, con los bordes siendo una elección estética pura, de la que el autor se hace cargo. Algo así como el laurel que ella nos ofrece.
- No todos lo tomarán y emprenderán su búsqueda en los bosques.
La escena del cántaro es como un primer clímax: la caminante arriba al centro del laberinto existencial-simbólico, y hay un encuentro, una consumación… Un ritual y una primera implosión.
El cambio es la ruptura: el cántaro se raja y comienza a perder. Lo que se aseguraba ahora se duda, y lo que se desconocía es de vital importancia.
La base en que reposan los aparentes bordes de la existencia tiembla hasta desmoronarse. Sin embargo, no es una catástrofe sino una realización. La disolución de una parte de la mente constituye el amanecer de la otra, aquella que ya no camina, sino que nada y vuela.
“De su grieta nace el anhelo restaurador de la verdadera expresión creativa.”
La escena del cántaro es como un primer clímax: la caminante arriba al centro del laberinto existencial-simbólico, y hay un encuentro, una consumación… Un ritual y una primera implosión.
El cambio es la ruptura: el cántaro se raja y comienza a perder. Lo que se aseguraba ahora se duda, y lo que se desconocía es de vital importancia.
La base en que reposan los aparentes bordes de la existencia tiembla hasta desmoronarse. Sin embargo, no es una catástrofe sino una realización. La disolución de una parte de la mente constituye el amanecer de la otra, aquella que ya no camina, sino que nada y vuela.
“De su grieta nace el anhelo restaurador de la verdadera expresión creativa.”
